No es oculto mi interés por que la memoria de la guerra civil continúe viva, pues soy de las que opina que los pueblos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo
La memoria de la guerra civil es la memoria de aquellos que sufrieron, que lucharon hasta morir por la idea de libertad, de igualdad y de dignidad.
Tras una investigación a través de libros, documentales y dedicándole muchas horas, que considero que es el mínimo homenaje que se le puede hacer a estas personas, me voy a centrar en la historia de 13 mujeres republicanas que murieron fusiladas, pero antes dedicar esto a José María Alvariño, una de las mayores promesas de la poesía cordobesa que desapareció cuando el 28 de octubre de 1936 volvió el camión de la muerte y se lo llevo junto a 19 personas más, se fue para siempre el poeta…..
Trece chicas, previamente torturadas, murieron fusiladas la madrugada del 5 de agosto de 1939 contra las tapias del cementerio del Este en Madrid.
Su delito: ser «rojas».
Tras el fin de la guerra, las juventudes socialistas unificadas intentaron reorganizarse, José Pena, secretario general del comité provincial de las JSU, fue detenido por una delación, y obligado mediante torturas a dar todos los nombres que sabía y firmar una declaración preparada, a esto ayudo que los ficheros de JSU no había dado tiempo a ser destruidos y fueron requisados por los militares franquistas al ocupar Madrid.
Entre los detenidos se hallaban las Trece Rosas, que fueron arrestadas y conducidas a instalaciones policiales, donde fueron torturadas, y después a la cárcel de mujeres de Ventas, una cárcel construida para 450 personas en la que se encontraban 4.000.
El nombre de “trece rosas” fue según algunos autores relatan, que les había llegado la orden de elegir a quince mujeres, preferentemente menores de edad, para conducirlas a juicio. Ya en comisaría, una señora, que se sentía agradecida porque habían liberado a su hija, les regaló un ramo de rosas. Eran trece….entonces se dijo: ‘Señores, ha llegado el momento de decidir quiénes van a ser las trece de la mala hora. Bastará con ponerle un nombre a cada una de las rosas…”, otra opción es por la juventud de estas mujeres pues apenas habían alcanzado la mayoría de edad, como fuera, trece nombres para no olvidar:
Carmen Barrero Aguero (20 años, modista), Martina Barroso García (24 años, modista), Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista), Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista), Julia Conesa Conesa (19 años, modista), Adelina García Casillas (19 años), Elena Gil Olaya (20 años), Virtudes González García (18 años, modista), Ana López Gallego (21 años, modista), Joaquina López Laffite (23 años), Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista), Victoria Muñoz García (18 años), Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, sastra).
No me es indiferente citar algunos de los comentarios que se a hecho desde que esta historia salió a la luz pública, como por ejemplo: “fueron fusiladas en 1939 por creer que las guerra es un juego y que un grupo de mocosas de gesto naïf y ‘hercúleos’ ideales podían dictar las reglas del mismo” tras leer este comentario quiero que quede claro que las trece rosas eran mujeres que sabían bien lo que hacían, y que con gran valentía y clarividencia lucharon contra el régimen antidemocrático. Se afiliaron a la JSU de forma consciente; pudiendo quedarse en casa, salieron a la calle y optaron por luchar y defender la II República española, poniendo en riesgo sus propias vidas.
Esta historia sobrepasa la capacidad de síntesis de cualquier persona, de cualquier mente humana, fue sin duda uno de los castigos mas duros de la posguerra, esta historia duele por sí sola, duele tanto los testimonios, como la locura de las madres ante sus hijas fusiladas como la indiferencia del régimen, todo esta lleno de dolor, dolor que aunque muchos se empeñen en decir lo contrario, no es rencor, es una lección de humanidad el que estas voces pervivan para siempre en nuestra memoria, siempre amparada por la ley 52/ 2007 de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían los derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, la ley de memoria histórica que tanta falta nos hacia y que hemos tenido que esperar tantos años hasta que un gobierno socialista nos la reconociera, pues son pocos los testigos vivos y si no se recogen ahora sus voces permanecerán siempre en el olvido.
Franco hizo todo lo posible hizo todo lo posible por destruir el espíritu de libertad de las mujeres que se había creado en la república, gracias al coraje y el valor de esas personas que lucharon y cayeron en aquellos tiempos tan difíciles, dieron su vida por que las generaciones futuras tuviesen una oportunidad de libertad, por ellos sus voces jamás se apartaran de mi memoria como debería ser de la memoria de todos los que aman la verdadera democracia.
Termino con un fragmento de la ultima carta que una muchacha de 19 años, llamada Julia Conesa escribió a su familia: “Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia”.
Estefanía Marín Aguilar.
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